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Imagen intervenida.Collage, 2011.
angela maría román palacio






Sueños tejidos, Libro de Artista
Página de uno de los libros de la artista Ángela Román. Esta es la tercera muestra de Libro Arte que se lleva a cabo en Colombia.
26 Abril 2008 - 6:35pm
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Partir del dolor para representar, expresar y estetizar situaciones de la vida es una iniciativa que desde diferentes medios ha inquietado al artista, esencialmente cuando se puede hacer participes a otras personas que se identifican con estas situaciones como sucede en este caso con “El Arte como Duelo.”
La imagen llega a cubrir un faltante, la ausencia se anula con la representación. Ella brota en ese punto de encuentro que se da entre el pánico ante el cosmos, ante la muerte, y el inicio de una técnica… Ante la descomposición por la muerte, la recomposición por la imagen. Y es precisamente por su carácter de huella, por ese real que quema la imagen transfiriéndole su singularidad irreductible, que la fotografía tiene mucho que ver con el duelo – la muerte – y con el deseo. Ahí se anclan los valores de reliquia y de fetiche de este tipo de imágenes. Ellas pueden estar descoloridas, deterioradas, pueden ser imprecisas, borrosas, pero tienen un poder irracional sobre nosotros que nunca podrá tener el más preciso dibujo de un rostro: al ser huella se beneficia de una transferencia de realidad de la cosa sobre su reproducción[2].
El trabajo del duelo, llevado a la obra en medio del aprendizaje, surge a medida que se empieza a indagar en las circunstancias que rodean todo el tema respecto a la imagen, a la reflexión y al entorno personal respecto a situaciones y vivencias que nos obligan a adquirir una razón para hacer del dolor y la tragedia, un impulso vital para sublimar ese axioma que dice: “no se hace arte a pesar de nuestros dolores sino justamente por ellos.”
Hacer del duelo un signo artístico, no pretende generar opiniones en cuanto a la moral, ni atacar los conceptos de ritual que cada persona tiene determinado, tampoco se trata de aprovechar de manera irreverente los restos de quienes ya no hacen parte de esta realidad y mucho menos detenerse en la imagen de un cadáver que ya no trasciende en ningún aspecto; la recurrencia de la memoria basta para corroborar que los seres ausentes continúan presentes si aun no se olvidan y suficiente hay con ocupar los lugares habitados por ellos o encontrar interminablemente sus pertenencias. Partir de este hecho constituye un acto de profundo respeto y reverencia, muy lejos del morbo de la evidencia de la muerte; esta intención es mucho más que la excusa de un trabajo con una carga simbólica, buscado y apoyado en los hechos de los demás o en motivos ajenos, el hecho mismo de ser una experiencia personal hace necesario que sea llevado al campo artístico y constituye un bagaje suficiente tanto para la vida, como para la manifestación de un trabajo en arte, por ser un trance que puede llevar a quien lo padece, al borde del abismo, convirtiéndose en un acicate para recuperar, reconstruir y sobrevivir.
Cuando nos apropiamos de nuestra experiencia, inclusive lo hacemos para decir que existe belleza aún en el dolor. Esto no es nada nuevo puesto que ya los artistas habían promulgado este estado de cosas frente a los desastres de la guerra, las iniquidades de la tragedia, el hambre y la enfermedad pero ahora se manifiesta también en otras formas; la modernidad nos ha llevado a dudar constantemente de todas las formas de dominio establecido, sea este conceptual, político o ideológico. Frente a este contexto se plantea la imaginación, la duda y la perplejidad; pero siguen existiendo diversas formas de representación.
Se encuentran formas de expresar lo más sublime y lo más banal, el dolor y el gozo, las alegrías y las tristezas; disfrutando las contradicciones porque en ellas el hombre halla el modo de encontrarse con la incertidumbre. Sin duda el artista erige mundos a través de la obra, no es en ningún momento, el demiurgo pérfido determinado por algunas corrientes del arte, más bien es el creador de nuevas posibilidades en el espacio poético que le señala horizontes aparentemente inalcanzables. De este modo, la obra es motivo para expresar lo que la vida pronuncia infatigablemente al oído MEMENTO MORI, recuerda que has de morir, pero para trascender en la comprensión de que la muerte es una exhortación, no con el propósito de experimentar temor, ni para aprender a morir, sino para advertir que el viaje de la vida también llega a su final.
[1] VELEZ, Juan Fernando. Periódico EL TIEMPO. 2 de noviembre de 2006. Pág. 1-5
[2] Restrepo, Camilo. La Foto de identidad Fragmentos para una estética. Pág. 42-43


Los Rincones de mi Casa. Libro de artista, 2007
Del jardin de la Memoria. Libro de Artista, 2007.
Confesiones de Penélope, instalación. 2005-6
Detalle libro In Memoriam
Caratula In Memoriam. Libro de artista. 2007
In Memoriam. Instalación. 2006.